Momentos… La vida continua.
Días enteros que se convierten en semanas, y éstas a su vez en meses y como tanto, en años. Hoy es muy contradictoria esta pequeña nota en el blog; hace casi un año describía de forma superficial todo lo que había vivido aquel 22 de abril de 2005, donde en general mi vida se partió en dos; en este momento, mi vida sigue en proceso de partición, porque definitivamente nunca volvería a ser la misma desde esa fecha, y yo no volvería a ser la de antes. La sal de las lágrimas, tienen un sabor cercano a la sal del mar en el último paseo que hicimos juntas, salvo el hecho que la sal del mar me hacia reír contigo, y la sal de las lágrimas me recuerdan tu ausencia. Supongo que todos alguna vez hemos tenido alguna pérdida significativa, dado que la vida está llena de espacios, de momentos, de personas significativas, sin embargo sigo convencida, que la pérdida de un ser tan especial como la mamá (o al ser que se considere de esta característica), es la pérdida más dolorosa y triste.
He visto pasar ante mis ojos múltiples seres y personas que de una u otra forma han contribuido a mi existencia, sin embargo, y con la excusa por si los ofendo, su partida no ha significado gran cosa en mi vida, y más desde el 2005, donde las ausencias en verdad pasaron a tener una relevancia baja en mi vida, y donde llego un momento donde todos eran iguales. Triste, si, pero pues, la verdad es que después de eso, solo muy pocas personas logran llevarse un espacio en mi vida, muy pocas personas logran colarse y sacarme una sincera sonrisa, o en su defecto, muy pocas personas logran saber lo que siento y pienso con tan solo mirarme.
Han pasado muchas cosas desde la partida de mi mamá; cosas buenas y cosas malas, por supuesto. Me he graduado no solo de pregrado, sino de postgrado; he conseguido mis propios activos, he hecho lo que se me ha venido en gana algunas veces y otras tantas debía enfrentarme a las normas dictadas por la sociedad; he mantenido un empleo, que me guste o no en algunos momentos, es algo que me da vida de alguna forma, he conocido personas buenas y malas, he liderado algo que nunca me imaginé siquiera conocer, he vivido… También han pasado cosas malas, me he vuelto más reservada aún de lo que era, me he estrellado y he dejado a personas de lado que me han lastimado, he perdido a parte de mi familia, no he aprendido por completo a perdonar, perdí esa nobleza que me caracterizaba, me he aferrado a mi soledad más aún cuando necesito un apoyo, he logrado herir a gente que no lo merece, me he vuelto seria, aburrida y tantas veces desdichada por estupideces y cosas banales, cubriendo todo por supuesto, con una pálida, tímida y falsa, pero creíble sonrisa, y lo peor, muchas veces me siento muerta en vida.
Pero todo eso ha servido para aprender, por ejemplo, que un título dado por la sociedad, como amigo, hermano, padre, primo, tio, entre otros títulos, no son por concepto sino por merecimiento, que puedo llamar a alguien amigo y al mismo tiempo hermano, y puedo llamar a mi hermano un completo desconocido para mi. En pocas palabras han pasado cinco años, donde no soy ni la sombra de lo que fui, donde siempre han visto y verán a alguien fuerte y que soporta todo, y muy pocas veces verán en el piso. Han pasado cinco años donde cualquier consejo es pedido al cielo, y me respondo a mi misma, porque no suelo consultar mis cosas con nadie, por temor a que me vean vulnerable, y han pasado cinco años cuya conclusión en este momento es que necesito alejarme de tal forma de mi mundo, que nadie sepa siquiera que existo, donde quisiera desaparecerme sin dejar rastro, y tal vez buscar el camino para encontrarme con ella, con mi mamá, y así poder hablar todo lo que he callado, y tal vez quedarme en su regazo y olvidarme de lo que dejé atrás.


