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martes, 20 de abril de 2010

Momentos... La vida continua...

Momentos… La vida continua.

Días enteros que se convierten en semanas, y éstas a su vez en meses y como tanto, en años. Hoy es muy contradictoria esta pequeña nota en el blog; hace casi un año describía de forma superficial todo lo que había vivido aquel 22 de abril de 2005, donde en general mi vida se partió en dos; en este momento, mi vida sigue en proceso de partición, porque definitivamente nunca volvería a ser la misma desde esa fecha, y yo no volvería a ser la de antes. La sal de las lágrimas, tienen un sabor cercano a la sal del mar en el último paseo que hicimos juntas, salvo el hecho que la sal del mar me hacia reír contigo, y la sal de las lágrimas me recuerdan tu ausencia. Supongo que todos alguna vez hemos tenido alguna pérdida significativa, dado que la vida está llena de espacios, de momentos, de personas significativas, sin embargo sigo convencida, que la pérdida de un ser tan especial como la mamá (o al ser que se considere de esta característica), es la pérdida más dolorosa y triste.

He visto pasar ante mis ojos múltiples seres y personas que de una u otra forma han contribuido a mi existencia, sin embargo, y con la excusa por si los ofendo, su partida no ha significado gran cosa en mi vida, y más desde el 2005, donde las ausencias en verdad pasaron a tener una relevancia baja en mi vida, y donde llego un momento donde todos eran iguales. Triste, si, pero pues, la verdad es que después de eso, solo muy pocas personas logran llevarse un espacio en mi vida, muy pocas personas logran colarse y sacarme una sincera sonrisa, o en su defecto, muy pocas personas logran saber lo que siento y pienso con tan solo mirarme.

Han pasado muchas cosas desde la partida de mi mamá; cosas buenas y cosas malas, por supuesto. Me he graduado no solo de pregrado, sino de postgrado; he conseguido mis propios activos, he hecho lo que se me ha venido en gana algunas veces y otras tantas debía enfrentarme a las normas dictadas por la sociedad; he mantenido un empleo, que me guste o no en algunos momentos, es algo que me da vida de alguna forma, he conocido personas buenas y malas, he liderado algo que nunca me imaginé siquiera conocer, he vivido… También han pasado cosas malas, me he vuelto más reservada aún de lo que era, me he estrellado y he dejado a personas de lado que me han lastimado, he perdido a parte de mi familia, no he aprendido por completo a perdonar, perdí esa nobleza que me caracterizaba, me he aferrado a mi soledad más aún cuando necesito un apoyo, he logrado herir a gente que no lo merece, me he vuelto seria, aburrida y tantas veces desdichada por estupideces y cosas banales, cubriendo todo por supuesto, con una pálida, tímida y falsa, pero creíble sonrisa, y lo peor, muchas veces me siento muerta en vida.

Pero todo eso ha servido para aprender, por ejemplo, que un título dado por la sociedad, como amigo, hermano, padre, primo, tio, entre otros títulos, no son por concepto sino por merecimiento, que puedo llamar a alguien amigo y al mismo tiempo hermano, y puedo llamar a mi hermano un completo desconocido para mi. En pocas palabras han pasado cinco años, donde no soy ni la sombra de lo que fui, donde siempre han visto y verán a alguien fuerte y que soporta todo, y muy pocas veces verán en el piso. Han pasado cinco años donde cualquier consejo es pedido al cielo, y me respondo a mi misma, porque no suelo consultar mis cosas con nadie, por temor a que me vean vulnerable, y han pasado cinco años cuya conclusión en este momento es que necesito alejarme de tal forma de mi mundo, que nadie sepa siquiera que existo, donde quisiera desaparecerme sin dejar rastro, y tal vez buscar el camino para encontrarme con ella, con mi mamá, y así poder hablar todo lo que he callado, y tal vez quedarme en su regazo y olvidarme de lo que dejé atrás.

lunes, 28 de julio de 2008

Mi primer día...

El primer día...

¡Hola! Pues bien, hoy fue mi primer día de trabajo, después de una mísera semana de vacaciones... ¿Qué puedo decir? La verdad, que necesito otro trabajo. Soy conciente que este cargo me va a dar muchas facilidades, pero la verdad considero que ya cumplí un ciclo y es hora de cerrar esta etapa en donde estoy... Todos los días veo como salen más y más personas de la empresa, y yo me quedo ahí, como estancada... Debería haber llegado con más fuerza, más ánimo, pero no, llegué y me di cuenta que no me identifico plenamente, lo cual es triste y desolador al tiempo; tengo la ventaja que en una semana empezaré a estudiar algo que me gusta, eso es cierto, pero igual, no lo sé, aún siento que me falta algo.

Para un primer día pueden pasar muchas cosas; por ejemplo, me di cuenta que mi cuota del préstamo quedo más alto, a pesar de haberse dado un mayor plazo y el valor con respecto al anterior no subía tanto, lo cual me hace pensar “Como que me tumbaron”, pero pues ya iré a alegar al banco... Llego y tengo problemas con el sistema de calidad, al cual tengo que subir unos informes que me están sacando canas y pa’ rematar el asunto, ya informaron la fecha de la siguiente auditoria externa, cosa que me aburre si he de ser sincera... En serio, creo que ya es hora de volar a nuevos rumbos, y para hacer honor a la verdad, no me importa si me quedo sin el resto de vacaciones, porque igual si me voy, es por algo mejor que me permitirá un mayor ingreso y eso, pero ¿Y donde carajos está lo que estoy buscando? La pregunta del millón, ciertamente...

Además de eso, la vida, la muerte y la enfermedad parecen estar cada día más cerca de mi débil humanidad... Quisiera realmente ser inmortal; esa sed aumenta día a día, no más para ayudar a los mortales a llegar a esa inmortalidad, pero da igual, da lo mismo, eso es una fantasía o leyenda que debe quedarse así, seguramente para seguir con el orden de la vida, con el orden de la muerte en si misma dicha. ¡Enfermedad! Que palabra tan tenebrosa en el mundo; triste, tenebrosa y lenta... Ni siquiera a viva voz se puede decir rápido, porque suena como una daga en la piel... Todo eso genera rabia e impotencia, inseguridades mal trechas, momentos de negra desesperación. Creo que ya estoy dando palabras sueltas, y pocos entienden lo que realmente digo, pero así siento las cosas ahorita; la misma situación, o similares circunstancias, vividas a través de otras personas a quienes quiero mucho y que no quiero ver sufrir; tristeza, deduzco que eso es lo que más trae la palabra “enfermedad”, tristeza...

¿Cómo decirle al ángel de la enfermedad y de la muerte que se espere? ¿Cómo decirle que aún faltan cosas por pasar? ¿Cómo exigirle que nos deje sonreír un día más? Que cruel, pero bueno ¿Quién dijo que el mundo era solo para vivir bien? Todos los demonios sueltos en estas épocas, y todos atacan por diferentes francos y momentos. Ahora bien, se pueden tomar dos caminos: en el primero, te sientas al lado de la vía y dejas pasar la vida y de paso, que te pisotee; el segundo camino, es adentrarte bien en la vía, aferrarte y guerrear, no más, solo darle duro y con toda... ¡Guau, suena tan fácil, pero no es así! Podes ser joven, grande y fuerte, pero ¿Y que? Te has preguntado ¿Eres feliz? Tengo muchos motivos para ser feliz, pero me faltan cosas... Aunque en este momento mi mayor martirio es mi rutina, y solo los malditos escapes al final de toda la rutina, son los que me hacen sonreír sinceramente... La sonrisa de esos pequeños, de esos tres enanos que componen mi existir... La alegría que me irradia esa familia, la de sangre, la de amor, la que mi Dios me puso y que no cambiaría por nada... El apoyo y la alegría que me da esa otra familia, la de vida, la que uno escoge, la de mis “partners”... El apoyo que me dan desde el cielo, desde las nubes, desde su vida misma hecha recuerdo... Falta, extrañeza vivida con dolor, el no saber si realmente me escuchas y que tu voz es algo de mi imaginación, o algo simplemente que surge de una realidad paralela... Cruel destino, que nos arrebatas lo que más queremos cuando más lo estamos aprovechando, cuando más conciencia tenemos que en verdad es lo que queremos... ¡Maldito destino! Que nos impide ver la sonrisa reciente y sincera de aquellos que deberían estarnos abrazando en el día, y no en nuestros sueños únicamente en las noches... ¡Maldito ángel de la muerte! ¡Que damier todo!

Seguiré caminando, porque igual no me caigo... Soporto y aguanto, además porque tengo apoyo y soporte para cuando no me levante; me levantaran en sus brazos al verme caer, o eso creo yo, y al menos se que me dejarán cubrir mis lágrimas de curiosos que me han abandonado de antes... De nuevo, un espacio para ustedes, pero además para ellos que siempre han estado en mi vida, mis tres espacios y quienes me rodean desde la cuna, mi ángel muerto que vive en mi, mi vida misma que quiere cerrar gran parte de lo vivido y que quiere nuevamente, ser casi feliz...